Los científicos descubren que las mangostas se burlan de los matones

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Una mangosta enana. Crédito: Shannon Wild

Un estudio, publicado hoy en la revista eLife por un equipo de la Universidad de Bristol, muestra que los individuos no implicados en los alborotos pueden rastrear el comportamiento agresivo de otros y actuar en función de esa información en un momento posterior.

Al trabajar con grupos salvajes de mangostas habituadas a su presencia cercana, el equipo de investigación pudo recoger observaciones detalladas y probar sus ideas experimentalmente en condiciones naturales.

"Las estrategias de gestión de conflictos han evolucionado para mantener la paz en especies tan variadas como los chimpancés, los cuervos y los perros domésticos. Nuestro trabajo demuestra que las mangostas enanas tienen la suficiente capacidad cognitiva para controlar las señales vocales de las interacciones agresivas y recordar quiénes son los agresores, negándose a relacionarse con ellos posteriormente", afirma la autora principal, la Dra. Amy Morris-Drake, de la Facultad de Ciencias Biológicas de Bristol.

"El experimento crucial consistió en simular la celebración de concursos de comida entre dos miembros del grupo durante la tarde, mediante la reproducción de las vocalizaciones emitidas por los agresores y las víctimas. Así, el resto del grupo oía lo que sonaba como trifulcas repetidas entre estos individuos".

"En los días experimentales, grabamos todo el acicalamiento que los individuos realizaban con sus compañeros de grupo en la madriguera para dormir esa tarde. Ser acicalado ayuda a la higiene y reduce la ansiedad, y el acicalamiento apuntala las relaciones sociales, por lo que es fundamental para la vida social."

Dos mangostas acicalándose. Crédito: Shannon Wild
Dos mangostas acicalándose. Crédito: Shannon Wild

En las noches que siguieron a la simulación de un mayor conflicto dentro del grupo, los miembros subordinados del grupo de mangostas se acicalaban entre sí más que en las noches de control. Lo más llamativo es que los subordinados también ignoraron a los agresores percibidos, que recibieron una cantidad sustancialmente menor de acicalamiento que en otras ocasiones.

El Dr. Morris-Drake dijo: "Esto demuestra que las mangostas enanas vigilan los conflictos que se producen entre sus compañeros de grupo. Pueden identificar a los agresores solo por las vocalizaciones emitidas durante las disputas, almacenar esta información y poner en práctica una estrategia de gestión de conflictos retardada, en este caso dando al agresor la espalda antes de acostarse."

Fuentes, créditos y referencias:

Amy Morris-Drake et al, Experimental evidence for delayed post-conflict management behaviour in wild dwarf mongooses, eLife (2021). DOI: 10.1101/2021.05.02.442338

Imagen: Una mangosta enana. Crédito: Shannon Wild

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