Vea También
Descubrir el pasado a menudo es como resolver un rompecabezas al que le faltan piezas. Los fósiles rara vez conservan todos los detalles, lo que dificulta a los científicos reconstruir las interacciones entre especies. Sin embargo, un descubrimiento revolucionario ha arrojado luz sobre una rara relación prehistórica entre depredador y presa.
Un equipo de investigación formado por expertos del Museo Real Tyrrell de Paleontología (Canadá), la Universidad de Reading (Reino Unido) y la Universidad de Nueva Inglaterra (Australia) ha identificado una marca de mordedura de cocodrilo en el hueso fosilizado del cuello de un pterosaurio joven, Cryodrakon boreas, una especie de azhdárquido.
El fósil, desenterrado en el Parque Provincial de los Dinosaurios, Alberta, data de hace aproximadamente 76 millones de años. Presenta una distintiva marca de punción, de sólo 4 milímetros de ancho, que revela que un depredador parecido a un cocodrilo mordió al pterosaurio juvenil.
El Dr. Caleb Brown, autor principal del estudio, del Royal Tyrrell Museum, destacó la rareza de este tipo de hallazgos. «Las marcas de mordeduras en los huesos de pterosaurios son excepcionalmente infrecuentes, y este espécimen, al ser juvenil, hace que el descubrimiento sea aún más notable», explicó.
Los pterosaurios Cryodrakon boreas jóvenes eran relativamente pequeños, con una envergadura de unos dos metros. Sin embargo, de adultos, estos gigantes azhdárquidos podían alcanzar alturas comparables a las de las jirafas, con envergaduras de hasta 10 metros.
Para descartar explicaciones alternativas, el equipo utilizó escáneres micro-CT para examinar el fósil. El análisis confirmó que la perforación era el resultado de una mordedura y no estaba causada por procesos de excavación o fosilización.
El Dr. Brian Pickles, de la Universidad de Reading, destacó la importancia de este descubrimiento. «Estas marcas de mordeduras ofrecen pruebas raras y tangibles de interacciones entre depredadores y presas o carroñeros de hace millones de años. Demuestra que los pterosaurios juveniles eran a veces presa o carroña de especies de cocodrilos en la Alberta prehistórica.»
Aunque se han encontrado pruebas similares de cocodrilianos alimentándose de pterosaurios en Rumanía, éste es el primer caso documentado en Norteamérica. Aporta datos cruciales sobre los antiguos ecosistemas de la región, donde estos reptiles voladores se enfrentaban a amenazas tanto en tierra como en el aire.
Este descubrimiento no sólo ofrece una visión de los comportamientos alimentarios de los antiguos cocodrilianos, sino que también pone de relieve la frágil existencia de los pterosaurios juveniles en un mundo plagado de depredadores. A medida que los paleoecólogos siguen reconstruyendo estas raras interacciones, profundizan nuestra comprensión de la vida tal como era hace más de 70 millones de años.