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Los investigadores descubrieron que las gotas llevan cargas opuestas y, cuando se juntan, saltan pequeñas chispas entre ellas para crear reacciones químicas. Fotografía: Owen Humphreys/PA |
Una nueva investigación de la Universidad de Stanford sugiere que la vida en la Tierra puede haberse originado a partir de «microrrayos» generados por gotas de agua en movimiento, como las de olas rompientes o cascadas. El estudio demuestra que los aerosoles de agua pueden producir pequeñas descargas eléctricas capaces de impulsar reacciones químicas que sintetizan moléculas orgánicas esenciales.
En la década de 1950, el experimento de Miller-Urey propuso que los rayos podrían haber iniciado la formación de los componentes básicos de la vida al interactuar con gases como el metano, el amoníaco y el hidrógeno. Sin embargo, los críticos argumentaron que los rayos eran demasiado infrecuentes y el océano demasiado vasto para que ésta fuera una explicación plausible. El estudio de Stanford ofrece una alternativa: los microrrayos se producen entre microgotas de agua con cargas opuestas. Los investigadores descubrieron que las gotas más grandes solían tener carga positiva, mientras que las más pequeñas tenían carga negativa. Cuando estas gotas de carga opuesta se acercaban, saltaban chispas entre ellas, lo que se conoce como «microrrayos». Estas minúsculas descargas, aunque débiles, tienen energía suficiente para provocar reacciones químicas.
Para probar este mecanismo, el equipo roció agua en una mezcla de gases que contenía nitrógeno, metano, dióxido de carbono y amoníaco, gases que se cree que estaban presentes en la Tierra primitiva. Esto provocó la rápida formación de moléculas clave, como cianuro de hidrógeno, glicina (un aminoácido que interviene en la producción de proteínas) y uracilo (un componente básico del ARN que se encuentra en todas las células vivas). Esto sugiere que el microrrayado podría haber sido un mecanismo importante para la síntesis prebiótica de moléculas que constituyen los ladrillos de la vida.
Este descubrimiento añade una nueva perspectiva a las hipótesis existentes sobre el origen de la vida, que incluyen reacciones químicas en charcas calientes, respiraderos hidrotermales, impactos de cometas y rayos tradicionales. El estudio destaca el papel potencial de los microrrayos en la formación de biomoléculas esenciales, proporcionando una vía plausible para la aparición de la vida en la Tierra.