Cómo convertir el aire en piedra

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Plantas de salmuera (_Salsola kali_). HannaTor/Shutterstock

Seguramente, las habrán visto rodar arrastradas por el viento en un duelo al sol de Clint Eastwood filmado en Almería (hablamos de la planta Salsola kali). Otra especie en Alicante está en grave riesgo de extinción y es una de las que más podría ayudarnos (Salsola soda). Convertir el aire en piedra para luchar contra el cambio climático depende de ellas. Pertenecen al comúnmente conocido grupo de las barrillas, unas plantas con salero y querencia por los suelos salinos.

Científicos de la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología (UDIT) y de la Universidad de Murcia han comenzado varios estudios de campo para convertir el dióxido de carbono atmosférico en piedra utilizando estas plantas. El objetivo es amortiguar el calentamiento global y prepararnos para sus consecuencias.

El cambio climático ha sido una constante en la historia del planeta. No obstante, las temperaturas actuales aumentan en paralelo a las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

El sureste español está ya gravemente desertificado, con suelos salinizados. Las previsiones para 2050, con respecto al estrés hídrico, colocan a España en el ojo del huracán. Sin embargo, seguimos consumiendo agua por encima de nuestras posibilidades.

Ante esta problemática, una técnica ancestral que floreció especialmente en la confluencia de las provincias de Granada, Murcia, Almería y Alicante emerge para aportar su granito de arena ante los cambios que necesitamos llevar a cabo en este mundo caliente.

Nuestros antepasados tienen las respuestas

El registro arqueológico y documental demuestra que en España se cultivaron distintas especies de barrillas.

Estas plantas tienen una alta eficiencia fotosintética, es decir, la eficiencia con la que convierten la energía de la luz en energía química a través de la fotosíntesis. Las barrillas, con la misma energía del sol, fijan en su estructura cuatro átomos de carbono en lugar de tres, superando al 75 % de las plantas conocidas.

También son capaces de vivir en suelos salinizados y descontaminarlos gracias a que acumulan sales en sus tejidos, retirando elementos químicos peligrosos del suelo. Además, se pueden regar con aguas salinas y producen una sorprendente cantidad de biomasa.

Con sus semillas, hay quienes fabrican combustible para aviones. En Italia, se consumen sus brotes frescos como productos gourmet. Tienen usos medicinales por sus alcaloides, con efectos diuréticos, antihipertensivos, anticancerígenos, purgantes, emolientes, antiulcerosos y antiinflamatorios. Incluso se estudia su uso contra el alzhéimer.

Hasta el siglo XIX, fabricábamos con ellas vidrio, jabón, teñíamos la ropa y obteníamos lejías. Esto era posible gracias a que, al quemarlas en condiciones desconocidas, se producía una roca azulada y de sonido metálico al golpearla, rica en carbonato sódico. Se llamaba piedra de barrilla.

Al transmitirse por tradición oral, la práctica agrícola y los pormenores de la técnica para obtener piedra de barrilla se desconocen. Se sabe que la producían los llamados maestros barrilleros que quemaban las plantas secas en hornos excavados en los propios campos de cultivo.

Debido a la picaresca y a la falta de control, se añadía arena y otras rocas a la piedra de barrilla para que pesara más, ya que valía su peso en oro, o se usaban plantas de peor calidad, adulterando el producto. Fue el principio del fin, puesto que los compradores europeos descubrieron el engaño.

Además, otros procesos industriales para obtener estas piedras, como Leblanc o Solvay, empezaron a substituir a las barrillas. El método Leblanc, muy contaminante, empleaba sal, caliza, ácido sulfúrico y carbón como reactivos. El método Solvay requiere caliza, sal y amoniaco para obtener la sosa. Ambos necesitan gastar energía para completar las reacciones y agua en los procesos.

Finalmente, la brecha que mantenía España en investigación científica terminó de enterrar esta antigua industria, pues tampoco pudo evolucionar y perfeccionarse.

Hoy en día, algunas especies de barrillas, antaño muy valoradas, se consideran malas hierbas y hasta reciben el nombre coloquial de “mancaperros”.

Un barrillar 4.0 en la España vacía

Para conseguir piedra de barrilla de calidad influyen los suelos, las especies cultivadas, el modo de cultivarlas, su secado y finalmente, la forma de quemarlas.

Con medios modestos, investigadores de la Universidad de Murcia y la UDIT llevamos a cabo estudios de campo y en el laboratorio para conseguir la legendaria piedra azulada de sosa en la localidad de Huéscar (Granada).

En unos primeros trabajos de innovación docente, en la Universidad de Murcia han conseguido cenizas de barrilla capaces de fundir arena, tratando de replicar los procesos para elaborar los vidrios de color verde esmeralda de Castril, los Vélez o la Puebla (Granada y Almería). Para producir vidrio, se necesitaba entre un 20-30 % de piedra de barrilla como fundente de la arena, junto a otros aditivos, y un fuego vivo.

La belleza de los vidrios andaluces es comparable al cristal de Murano y se exponen en los mejores museos arqueológicos y etnográficos del mundo. Ahora, con avanzadas técnicas cristalográficas, es posible conocer el origen exacto de las piezas tras conseguir cenizas de barrilla, pero no la ansiada piedra. Tampoco existen muestras antiguas de piedra barrillera que analizar, ya que es soluble en agua y se degrada rápido con el paso del tiempo.

Por ello, el equipo de la UDIT, mediante un proyecto interno, monitorizamos con técnicas propias de la llamada industria 4.0 una finca experimental de barrilla fina.

El conocimiento botánico de los investigadores de la Universidad de Murcia sobre estas plantas es fundamental también. Gracias a la internet de las cosas y al empleo de drones, se aplicarán técnicas de agricultura de precisión e inteligencia artificial que permitirán descifrar los secretos de estas plantas.

Una vez obtenida la primera cosecha, el equipo de UDIT diseñará hornos con materiales de alta tecnología y gemelos digitales), optimizando la obtención de sosa y excedentes energéticos. Los gemelos digitales son réplicas virtuales de sistemas y objetos físicos que permiten hacer simulaciones, monitorizaciones y optimizaciones en tiempo real.

De vuelta a la Universidad de Murcia, se analizarían las piedras de barrilla mediante cristalografía avanzada. También se examinarán muestras de suelo en sus laboratorios de edafología.

A más largo plazo, se quieren diseñar sumideros virtuales de CO₂ con estas plantas y piedras que detengan el avance del desierto sin afear el paisaje. Esto es debido al revolucionario doble proceso de descarbonización por fotosíntesis y quema de barrillas, que impide la reemisión de CO₂ a la atmósfera.

Pero además, tendría otros usos. Como cultivo de secano que ahorra agua, genera energía (en lugar de consumirla) en la producción de desengrasantes ecológicos. También serviría para el reciclado de vidrio y textil, con huella de carbono negativa. Su uso como alimento para personas y ganadería es igualmente posible.

En definitiva, se busca introducir un conjunto de cultivos industriales en suelos de peor calidad que dinamicen la España vaciada y la hagan más resiliente ante el cambio climático.

The Conversation

David Antonio Rosas Espín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.



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