Más allá de Ozempic: así son los nuevos fármacos para combatir la obesidad

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Alones/Shutterstock

La semaglutida –más conocida popularmente por uno de sus nombres comerciales, Ozempic– se ha convertido en un auténtico fenómeno cultural y comercial. Su formidable éxito ha suscitado debates sobre su uso, su disponibilidad en las farmacias, sus nuevas utilidades y sus consecuencias a largo plazo.

Este compuesto pertenece al grupo de fármacos que mimetizan las acciones endógenas de unas hormonas denominadas incretinas. En concreto, es un agonista del receptor del péptido similar al glucagón-1 (GLP-1). Cuando se une a dicho receptor, produce efectos beneficiosos sobre la diabetes mellitus tipo 2 e induce a perder peso.

Denominadas Ozempic, Wegovy y Rybelsus, las tres marcas de semaglutida están comercializadas exclusivamente por Novo Nordisk y han despertado un gran interés comercial. Esto ha impulsado a otros laboratorios farmacéuticos a profundizar en la investigación de tratamientos similares para el manejo de la diabetes y la obesidad.

Como resultado de ello, la compañía Lilly ha desarrollado y comercializado la tirzepatida, un nuevo fármaco que sigue la misma línea terapéutica, aunque con pequeñas diferencias en su mecanismo de acción. Se comercializa con los nombres de Mounjaro y Zepbound, este último solo disponible en EE. UU., China y Reino Unido.

Tirzepatida frente al desafio de la obesidad

La principal diferencia de la tirzepatida es que no solo actúa sobre los receptores del GLP-1, sino también sobre los de la otra incretina natural: el GIP. Con ello consigue imitar las acciones de las dos incretinas endógenas, favoreciendo el control de la glucosa en el organismo y la pérdida de peso.

La tirzepatida actúa sobre el hígado y el páncreas cuando es necesario reducir el azúcar en la sangre, ralentiza el vaciado gástrico y, a nivel cerebral, disminuye el apetito. Esta última propiedad es lo que la ha impulsado como una alternativa innovadora para los pacientes que padecen obesidad.

De hecho, los ensayos clínicos han demostrado que funciona mejor que la semaglutida sobre algunos de los parámetros referenciados en las patologías para las que está indicada. Si hablamos de la obesidad, consigue reducir el peso corporal en un 22 % frente al 16 % del medicamento comercializado por Novo Nordisk.

Hay que dejar claro que los efectos secundarios de ambos son muy parecidos. Esto es lógico, puesto que su mecanismo de acción e indicaciones son también similares. Los más frecuentes se producen sobre el tracto digestivo y se manifiestan como náuseas, estreñimiento, diarrea y vómitos. Tales inconvenientes pueden alcanzar a más del 50 % de los pacientes, aunque afortunadamente suelen ser transitorios y ocurren sobre todo al inicio del tratamiento.

La tirzepatida está aprobada y autorizada por la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) desde abril de 2022, aunque ha tardado un poco más en llegar a las farmacias de España. Al contrario de Ozempic, no está financiada por el sistema público español, y su precio puede oscilar entre 270 y 350 euros.

Por lo demás, los dos fármacos necesitan receta médica para ser dispensados y solo deben utilizarse bajo la supervisión de un profesional.

BPR, un prometedor contendiente

En esa misma línea de investigación orientada hacia la perdida de peso, científicos de Stanford Medicine publicaron el pasado 5 de marzo en Nature la existencia de una molécula natural que podría ofrecer una alternativa a la semaglutida y la tirzepatida.

Los investigadores desarrollaron un algoritmo informático basado en IA que les ha ayudado a encontrar, entre muchos candidatos, un péptido natural biológicamente activo que iguala el poder de Ozempic pero con menos efectos secundarios.

Los beneficios de este péptido, al que han bautizado como BRP, se basan en ciertas diferencias que presenta frente a la semaglutida. Mientras que ésta actúa en órganos como el intestino, el páncreas y el cerebro, el BRP parece apuntar más específicamente al hipotálamo, la parte del cerebro que regula el apetito y el metabolismo.

Para investigar más a fondo los efectos de BRP, los científicos realizaron experimentos en ratones y cerdos enanos (se cree que reflejan mejor el metabolismo humano). En estas condiciones, los efectos secundarios sobre en tracto digestivo no se manifestaban. Si esto se reproduce en humanos, comportaría un enorme beneficio frente a las incretinas disponibles en el mercado.

Sin embargo, todavía quedan muchos interrogantes que resolver antes de que podamos ver esta molécula en las farmacias. El equipo de investigación liderado por Laetitia Coassolo espera poder identificar los receptores que responden al BRP y así comprender mejor su funcionamiento.

Al mismo tiempo, se están explorando estrategias para prolongar la duración de sus efectos y, con ello, lograr un impacto más sostenido sobre el apetito y el metabolismo. Y lo más importante, los ensayos clínicos deben demostrar su seguridad y eficacia en humanos.

Si todo esto se consigue, el BRP podría representar otra valiosa herramienta para abordar la obesidad y los trastornos metabólicos.

Sin embargo, conviene recordar a las personas que busquen consejo sobre la pérdida de peso que consulten siempre a un profesional sanitario y buscar asesoramiento de fuentes cualificadas. Nunca debemos olvidar que el control de peso debe basarse sobre todo en la dieta, el ejercicio físico y el cambio en nuestros hábitos de vida.

The Conversation

María Josefa García Barrado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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