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El antifeminismo ha ido aumentando en los últimos años, especialmente entre la población joven, y las redes sociales han servido como factor clave para su expansión. Internet ha permitido la difusión de discursos de odio y desinformación que presentan el feminismo como una amenaza para los hombres, generando rechazo y polarización.
Lejos de ser una realidad social aislada, este sentimiento se ha ido consolidando como una corriente dentro de ciertos sectores de la juventud masculina, que perciben los avances e igualdad de género como un ataque a sus derechos y privilegios.
En España, por ejemplo, el Instituto de la Juventud ha mostrado cómo una proporción significativa de jóvenes tiene una visión negativa del feminismo, lo que refleja una creciente desconfianza y rechazo hacia este movimiento.
Estas percepciones pueden verse amplificadas en las plataformas digitales, donde el anonimato y la viralización de contenidos pueden facilitar la propagación de mensajes antifeministas. En estos espacios, influencers y figuras públicas encuentran un nicho al capitalizar el descontento de los jóvenes, reforzando discursos basados en la victimización masculina y en una supuesta discriminación sistemática contra los hombres.
La serie Adolescencia y la percepción del feminismo
El impacto de estas narrativas en la juventud puede verse reflejado en productos culturales recientes como la serie Adolescencia, de Netflix, donde se exploran las complejidades de la construcción de la identidad juvenil en un mundo cada vez más polarizado. Esta serie nos sirve para ver cómo las redes sociales y la presión de grupo pueden influir en la percepción que los adolescentes tienen del feminismo y la igualdad de género. A través de sus personajes podemos ver el conflicto entre la aceptación de nuevas formas de masculinidad y la resistencia al cambio.
Ante este contexto, las asociaciones conocidas como “grupos de hombres igualitarios” emergen como una herramienta clave para contrarrestar estas narrativas. Estos grupos pueden desempeñar un papel fundamental en la concienciación masculina sobre la opresión estructural que históricamente han ejercido los hombres sobre las mujeres. Permiten a los varones no solo reconocer sus privilegios dentro del sistema patriarcal, sino también comprometerse activamente con la construcción de una sociedad más equitativa.
También pueden convertirse en espacios de autoconocimiento y transformación en los que los integrantes tienen la oportunidad de cuestionar los mandatos de la masculinidad hegemónica y desarrollan nuevas formas de relacionarse con los demás desde la empatía y la corresponsabilidad. De hecho, investigaciones publicadas por el Instituto de la Juventud español nos han mostrado cómo la educación y la participación en espacios de reflexión colectiva pueden influir positivamente en la forma en la que los hombres jóvenes perciben el feminismo.
Además de la influencia de las redes sociales, el auge del antifeminismo entre los jóvenes también responde a una reacción conservadora frente a los avances del feminismo en las últimas décadas. Tenemos los casos de los discursos de Donald Trump y Elon Musk.
La llamada “crisis de la masculinidad” ha sido utilizada por ciertos sectores políticos y mediáticos para fomentar el miedo y la desinformación entre los hombres jóvenes, convenciéndolos de que están perdiendo su lugar en la sociedad. Esta narrativa victimista refuerza la idea de que el feminismo busca desplazar a los hombres, en lugar de promover la igualdad, generando una respuesta defensiva y de rechazo.
Así se verbaliza el rechazo
En un sondeo en línea realizado a jóvenes encontramos narrativas que reflejan una percepción negativa del feminismo: “El feminismo se ha convertido en un tema muy politizado que sirve para engañar a las mujeres y hundir a los hombres”, “el feminismo es una estafa creada por la izquierda”, “el feminismo actual no busca igualdad, sino más beneficios para las mujeres”…
Sin embargo, hay datos optimistas que nos muestran cómo esta percepción no es homogénea, señalándonos cómo sectores de hombres jóvenes comienzan a cuestionar estas narrativas y adoptan posturas más favorables a la igualdad de género. Por eso, el acceso a información verificada y la participación en espacios de diálogo pueden jugar un papel fundamental en pos de contrarrestar los discursos de odio.
Algunas campañas como Y a mí, ¿qué me cuentas? recogieron respuestas esperanzadoras relacionadas con los grupos de hombres igualitarios: “Estoy en grupo de hombres. Me reviso. Colaboro con el movimiento feminista. Evito ser cómplice”, “Me posiciono delante de mi grupo de gente, participo en movimientos sociales y trato de ser consciente de la violencia que ejercemos para prevenirla”….
Estos testimonios nos muestran cómo estos espacios pueden ser clave para generar una “incomodidad proactiva” clave en la construcción de masculinidades igualitarias y en la lucha contra los discursos antifeministas.

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Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.