“Para la extrema derecha mundial apoyada por Musk, Trump, Milei y Bolsonaro, el nazismo sigue siendo una referencia insuperable”

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Adolf Hitler en 1934 durante una conferencia del partido nazi en Bückeberg (Baja Sajonia, Alemania). Andreas Wolochow/Shutterstock

La extrema derecha está ganando fuerza y parece cada vez más fuerte en Francia, Europa y el mundo. ¿Es inevitable el declive de las democracias? ¿Qué lecciones podemos extraer de la historia de los años 30 para arrojar luz sobre nuestro presente? Entrevista con Johann Chapoutot, especialista en nazismo, autor de ‘Les irresponsables: Qui a porté Hitler au pouvoir?’ (Gallimard) y coautor de ‘Le monde nazi, 1919-1945’, con Christian Ingrao y Nicolas Patin (Tallandier).

En su último libro, Les irresponsables, explica por qué es pertinente y legítimo comparar nuestra época con los años 30. ¿Cuál es su enfoque al respecto?

Johann Chapoutot: La comparación es permanente en la historia, aunque sea tácita: siempre se cuestiona el pasado desde nuestro presente. Toda historia es contemporánea en la medida en que el cuestionario es el nuestro. Simplemente hay que ser consciente de ello.

En cuanto a la comparación con los años 30, a menudo se oye hablar de la “vuelta” de los años 30, con un enfoque cíclico de la historia. Sin embargo, la vuelta evoca un fenómeno automático o casi natural: la vuelta de la marea o la vuelta de las estaciones.

Más interesante es la propuesta del filósofo Michaël Foessel, que habla de “reincidencia” de los años 30. Se trata de un concepto jurídico y judicial que se refiere a los actores con su libertad, su responsabilidad y sus elecciones. Hoy en día, podemos hablar de reincidencia en la medida en que importantes actores del poder político y económico se refieren explícitamente a este período.

Podemos citar a Musk y su saludo nazi. O a Donald Trump, que apoyó a los neonazis estadounidenses que desfilaron en Charlottesville en 2017 gritando “¡muerte a los judíos!”. Trump, sin embargo, declaró que se trataba de “personas muy buenas”.

En el fondo, para la extrema derecha mundial apoyada por Musk, Trump, Milei y Bolsonaro, el Tercer Reich alemán sigue siendo una referencia insuperable: los nazis son la extrema derecha que triunfó conquistando un continente, eliminando a todo un pueblo y legando a la posteridad imágenes (desfiles perfectamente alineados, congresos espectaculares, cine de propaganda…) concebidas para ser fascinantes.

Esta referencia al nazismo es a veces vergonzosa debido a los crímenes masivos, pero la vergüenza se desvanece gracias a la legitimación asegurada por los amos del mundo. Así, las referencias al nazismo y al Tercer Reich se han multiplicado en los últimos años, generando una verdadera epidemia mundial de saludos nazis. Los historiadores se ven obligados a ocuparse del asunto.

Su libro El mundo nazi nos permite comprender las similitudes entre nuestra época y los años 30 en términos de estructuras, mecanismos económicos, sociales, políticos… ¿Cuáles son?

J.C.: Si comparamos los años 30 y la actualidad, lo que destaca es la disyunción entre democracia y capitalismo. Esto es lo que dicen explícitamente Peter Thiel o Curtis Yarvin, los ideólogos detrás de Donald Trump. Se puede ver que el vínculo entre el liberalismo económico y el liberalismo político, la democracia y el crecimiento capitalista era, en última instancia, sólo coyuntural. En cuanto las cosas se ponen serias, los que obtienen beneficios abandonan muy rápidamente el derecho internacional, los derechos humanos y, finalmente, la democracia.

Recordemos que el 6 de enero de 2021, el presidente Trump presidió un golpe de Estado. En 2025, como explica Timothy Snyder, el golpe de Estado será digital: hombres de Musk armados con memorias USB arramblan con los datos de la Administración estadounidense con toda tranquilidad.

A finales de la década de 1920, el mundo llegó al agotamiento de un sistema liberal ultespeculativo que desembocó en el crack de 1929 y, posteriormente, en una depresión económica masiva. En gran parte de Europa se tomó entonces la decisión de abandonar los sueños de democracia surgidos del primer conflicto mundial y de instaurar un poder fuerte para restablecer las tasas máximas de ganancia.

Es claramente la promesa de Hitler, el 27 de enero de 1932. Pronuncia un discurso ante más de mil empresarios en el Club de la Industria de Düsseldorf y les anuncia tres cosas. En primer lugar, la revancha contra la República de Weimar: los empresarios habían cedido mucho en 1918 –en cuanto a la jornada de 8 horas, el aumento de los salarios o la representatividad sindical– debido a la presión de movimientos revolucionarios. Hitler les promete que el patrón volverá a ser el “amo de su casa” y que una ley convertirá a los patrones en “líderes empresariales”.

La segunda promesa es restablecer el principio de la jerarquía, el Führerprinzip, según el cual la democracia no vale nada, ni en el ejército, ni en la empresa, ni para el Estado. Y en tercer lugar, promete el restablecimiento de tasas máximas de beneficio mediante la conquista militar. Su proyecto es arrebatar militarmente a otros Estados las zonas de extracción de energía y materias primas. Es la lógica colonial depredadora que prevaleció en el siglo XIX.

Y eso es lo que dice Trump. Quiere quedarse con Groenlandia simplemente porque lo necesita. Zelensky debe ceder 500 000 millones de dólares en tierras raras en un “trato” de extorsión mafiosa. En un contexto de crecimiento a la baja para los países anteriormente industrializados, ya no hay medios para satisfacer las exigencias de rendimientos financieros delirantes, por lo que se vuelve a los viejos métodos de depredación: se van a apoderar de territorios en el exterior y destruir el Estado social y el Estado de derecho en el interior para volver a una dominación de la patronal sin contrapartida.

Desde este punto de vista, las cosas son muy comparables. Los años 30 son muy esclarecedores para comprender lo que vivimos hoy.

¿Qué diferencias se pueden destacar entre nuestra época y los años 30?

J.C.: La principal diferencia es el sustrato antropológico vinculado a la Gran Guerra, con sus 80 millones de hombres uniformados y unos veinte millones de muertos. Se trata de una promoción de la violencia física a un nivel sin precedentes en la historia. Las sociedades europeas se han visto marcadas por lo que el historiador Georges Mossé llama una brutalización, es decir, una persistencia de la violencia y del culto a la violencia en las sociedades civiles. Pero si suavizamos este parámetro, que se traducía particularmente en la extrema derecha en una gran violencia, peleas callejeras y asesinatos, nos damos cuenta de que las analogías estructurales con nuestro tiempo están ahí.

Los fascistas de hoy en día no desfilarán uniformados por los Campos Elíseos, ni organizarán pogromos ni matanzas. A veces se producen redadas, pero ya no es un fenómeno de masas. La violencia se expresa principalmente con amenazas e insultos en las redes sociales, mucho menos en la calle.

En Le monde nazi, muestra que el nazismo no es una excepción en la historia. ¿Por qué es importante entenderlo hoy en día?

J.C.: No culpo a quienes, después de 1945, dijeron que no teníamos nada que ver con los nazis. Quizá fuera terapéuticamente necesario después de 1945, después del horror y la devastación. Del mismo modo, entiendo al general Charles de Gaulle cuando dice que todos los franceses fueron resistentes. Es falso, pero oportuno para reconstruir un país. Por otro lado, soy consciente de que no es historia, es mitología política. Cuando hago historia, me veo obligado a constatar que el nazismo no es un meteorito que golpeó la Tierra y se disolvió. No es una generación espontánea que se ha atrofiado. Es un fenómeno que proviene de una temporalidad cultural muy larga, no sólo alemana.

Numerosos trabajos, incluidos los míos, muestran que los elementos constitutivos del nazismo no son originalmente alemanes: el racismo no fue inventado por los alemanes, ni tampoco el antisemitismo, el nacionalismo, la eugenesia o el darwinismo social.

Todo lo que estructura el universo mental nazi es generalmente un producto de importación. El colonialismo, el darwinismo social y el racismo son, en primer lugar, asunto de los británicos y los franceses, que crearon los dos primeros imperios coloniales, y luego de los estadounidenses, que tienen un imperio colonial en casa con la importación masiva de esclavos durante siglos. El nazismo es un fenómeno que surgió en el corazón de la Europa del siglo XX.

Por otra parte, como hemos visto, el nazismo sigue teniendo repercusiones hoy en día, ya que sus componentes constitutivos no se disolvieron después de 1945. El nazismo y el racismo siguieron prosperando en los imperios coloniales. En los manuales de geografía franceses de principios de los años 60, todavía se hablaba de “razas humanas”. El antisemitismo parece estar en buena forma. El darwinismo social triunfa en todas partes, incluso en boca de Emmanuel Macron, que distingue entre los que han triunfado y los que “no son nada”. El colonialismo, el imperialismo, el capitalismo… todas estas ideas también están en buena forma.

En Les irresponsables, describe la proximidad entre el centro y la extrema derecha en la Alemania de los años 30. Demuestra que si Hitler llegó al poder no fue gracias a los votantes, sino por un cálculo político de los conservadores alemanes. ¿Qué analogías propone con nuestra época?

J.C.: En un momento en el que el centro y los conservadores se acercan a la extrema derecha en muchos países de Europa, entre ellos Francia, recuerdo que la llegada de Hitler al poder no está relacionada con una votación popular, sino con una decisión política cínica de los liberales autoritarios, en este caso Franz von Papen. Este último pensó que la mejor manera de mantenerse en el poder era aliarse con los nazis. Sin embargo, esta decisión se tomó en un contexto de colapso del partido nazi que podría haber llevado a su desaparición.

Esta historia muestra que la llegada de los nazis al poder no era inevitable, al igual que la “vuelta” de la extrema derecha hoy en día no es inevitable. No hay fenómenos geológicos, tectónicos o hidrográficos en juego, sino actores políticos con sus intereses, sus decisiones y sus responsabilidades.

En 1932, una mecánica de decisiones desastrosas tomadas en nombre de intereses sórdidos (los patrimoniales, fiscales y financieros de las familias dirigentes) condujo a la catástrofe. La historia no es ciencia natural: la historia es la total indefinición, con un amplio campo de posibilidades siempre abierto, una libertad de los actores y, por tanto, una responsabilidad de los actores.

En un momento en el que nuestras democracias parecen estar en una posición de gran debilidad, el historiador especialista en nazismo que es usted transmite más bien un mensaje de esperanza…

J.C.: Por supuesto. En el fondo, lo peor es la resignación generalizada: “La extrema derecha está subiendo en todas partes, pronto nos tocará a nosotros”. No hay necesidad de una marea que no existe. En Francia, 27 institutos de sondeo decían que la Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) de Marine Le Pen obtendría la mayoría absoluta en junio de 2024. Sin embargo, la izquierda ganó las elecciones legislativas.

Tenemos una ventaja con respecto a nuestros mayores de los años 30: sabemos a qué atenernos con respecto a la extrema derecha, sabemos lo que significa. A veces se oye: “Nunca lo hemos intentado”. Pero sí que lo hemos intentado: el Estado francés del mariscal Pétain, el fascismo en Italia, el nazismo en Alemania. Sabemos a dónde conduce. Esto arroja luz y provocó una importante reacción cívica y política en junio de 2024 ante el riesgo de un líder de RN en Matignon. De ahí la irresponsabilidad demencial del presidente Macron cuando decide no tener en cuenta el resultado de las elecciones. El mensaje que se envía es que se puede votar, pero no importa. ¿Habrá movilización para evitar el triunfo del RN en las próximas elecciones? Esa es la amenaza.

Sin embargo, la sociedad civil francesa se mantiene y las instituciones también se mantienen, porque se han pensado a la luz de lo que sucedió en el período de entreguerras. Lo que da esperanza, y Vincent Tiberj lo ha demostrado muy bien, es que los valores de la población en general no son aplastar la cara del vecino, hacer pintadas con esvásticas, pogromos o matanzas de judíos y ganar toneladas de dinero sin respetar el medio ambiente.

No, los valores comúnmente compartidos son la solidaridad, la acogida, la tolerancia. Es un espejo invertido de lo que vemos en los medios de comunicación del empresario francés Vincent Bolloré, que están al servicio de intereses privados bien conocidos. Es sorprendente observar las similitudes entre el sistema mediático actual y el del magnate de los medios de comunicación Alfred Hugenberg en la Alemania de los años 30. Pienso en particular en el uso de “pánicos morales” destinados a dividir a la sociedad: en aquella época, era el “bolchevismo cultural”, ahora es el “wokismo”.

Otro motivo de esperanza: las personas que dirigen las instituciones han cambiado, especialmente la justicia. La magistratura alemana de entreguerras está marcada por la extrema derecha. Se trata de magistrados del antiguo régimen. Para ellos, la Constitución de Weimar era escandalosa, se trataba de una “invención de los judíos”, de una “importación francesa”, de un “crimen contra la raza”, etc. Además, la magistratura de la época procedía del 1 % de la población que había cursado estudios superiores. Hoy en día, la masificación de la enseñanza ha hecho su trabajo y las personas que garantizan las instituciones ya no tienen nada que ver con sus predecesores.

A partir de ahora, en Francia, una de las líneas que se mantiene es la autopista 69 a Sainte-Soline, pasando por los derechos de los migrantes, los derechos de las mujeres, los derechos de los niños… es la justicia. En Estados Unidos, Trump, como en su primer mandato, se enfrenta a la justicia.

A nivel internacional, la extrema derecha está ganando terreno en todas partes, Trump está asombrando al mundo con sus decisiones diarias. ¿Debemos esperar lo peor?

J.C.: Estamos viviendo el final de una era, la de la contrarrevolución conservadora iniciada en los años setenta y teorizada por neoliberales estadounidenses, como bien ha demostrado Grégoire Chamayou. Esto se tradujo en la elección de Reagan y su política de desregulación, financiarización, destrucción del Estado social, agitación ultranacionalista, etc. El final de esta historia es muy violento, en un contexto de ausencia de crecimiento y de presión desenfrenada por parte de los inversores financieros. Ahora, algunos actores, en particular el Gobierno y las grandes empresas estadounidenses, han decidido dejar de fingir: golpean, brutalmente, con palabras, imágenes y actos.

Sin embargo, también en este caso, se puede apostar por la incompetencia de Trump y compañía. Tras dos meses de presidencia, Trump ya cae en las encuestas y los mercados y los industriales le llaman la atención sobre los aranceles.

Esto significa que hay que mantener la calma y no caer en la primera trampa que tiende la extrema derecha: asustar, aturdir. Steve Bannon ha llamado a una estrategia de flood the zone: inundar la zona de mentiras, insultos… Eso es lo que hicieron también los nazis: golpearon tan fuerte que nadie supo cómo responder al principio.

Estas personas son capaces de hacer daño de forma coyuntural, pero no estructural. Recordemos que Trump fue elegido con casi el mismo número de votantes que cuando perdió en 2020. Los votantes demócratas no acudieron a las urnas: ganó, pero también podría haber perdido. En un año y medio, con las elecciones de mitad de mandato, y dada la pendiente en el electorado estadounidense, podría perder su mayoría en el Congreso. Es un motivo de esperanza.


Entrevista realizada por David Bornstein.

The Conversation

Johann Chapoutot no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.


Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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