Pólvora, venenos y tintas: cómo la química puede ayudar a resolver un crimen

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La química es una de las ciencias básicas con mayor reconocimiento hoy en día. Los materiales que utilizamos, los fármacos que tratan las enfermedades o los productos cosméticos suelen generalmente asociarse a esta disciplina y dan forma a nuestras vidas. Otro debate es si dicha asociación es positiva o negativa, siendo la quimiofobia su máxima expresión.

Sin embargo, hay una aplicación de la química que es menos conocida, pero igualmente interesante: su uso en el ámbito forense. En este artículo, exploramos tres ejemplos que muestran cómo la química puede ayudar a resolver crímenes.

Análisis de restos de pólvora

El disparo de un arma de fuego deja huellas visibles en el entorno, como orificios o casquillos. Sin embargo, también deja residuos invisibles al ojo humano, pero muy importantes para el análisis forense: los residuos de disparos (en inglés, gunshot residues).

Estos pueden ser tanto orgánicos como inorgánicos, y son proyectados por la misma energía que impulsa el proyectil. Su dispersión genera un rastro que puede ayudar a responder algunas preguntas, como por ejemplo: ¿existen restos de disparos en la escena del crimen? Y en caso afirmativo, ¿cuáles son y en qué cantidad? O también, ¿existen restos en la piel de alguna persona involucrada?

Para responderlas, existen algunas herramientas analíticas que permiten detectar estos restos, es decir, hacer un análisis cualitativo, y cuantificarlos, dar una estimación de cuánto hay.

Por ejemplo, los residuos inorgánicos suelen estar compuestos de plomo, bario, antimonio… Todos estos metales presentes en el proyectil son evaporados y condensados después del disparo. Para su análisis se utilizan técnicas analíticas como el Scanning Electron Microscopy - Energy Dispersive X-ray spectroscopy (SEM-EDS).

Esta técnica bombardea la muestra con un haz de electrones de alta energía, lo que provoca la eyección de electrones de las capas internas de los átomos presentes en la muestra. Esto genera vacantes en las capas internas que son “rellenadas” por electrones de niveles energéticos superiores, emitiendo radiación en el rango de los rayos X.

La radiación emitida es característica de cada elemento, permitiendo así su identificación. Además, la intensidad de esos rayos X nos da una estimación de la cantidad de cada elemento en la muestra.

Análisis de sustancias venenosas

Otro ejemplo de aplicaciones analíticas a la resolución de casos forense es la detección de sustancias venenosas. Y ejemplo de ello es el famoso caso del espía ruso Alexander Litvinenko.

Litvinenko falleció el 23 de noviembre de 2006 a causa de un agravamiento súbito de su estado de salud. Esto ocurrió tras haberse encontrado con dos personas en un hotel de Londres. En un primer momento, los médicos no fueron capaces de achacar su muerte a ninguna sustancia particular. Sin embargo, y dadas las sospechas, sometieron una muestra de orina del paciente a análisis más pormenorizados.

Gracias a la espectrometría gamma, una técnica que permite identificar la energía emitida por un radioelemento cuando éste se descompone, fueron capaces de detectar la presencia de polonio 210, un elemento que emite una gran cantidad de energía y que derivó en el fallecimiento del espía ruso. Así se consiguió determinar que Alexander Litvinenko no había fallecido por motivos naturales, sino que había sido envenenado.

Análisis de la autenticidad de documentos

La escritura mediante tintas, tanto naturales como sintéticas, también puede ser objeto de análisis desde el punto de vista de la química analítica para resolver casos. Un ejemplo se publicó en este medio hace escasos meses. En él se explicaba la resolución de un caso de asesinato, encubierto como un suicidio, gracias al análisis de la tinta de una carta.

Las tintas pueden ser caracterizadas mediante técnicas analíticas para describir su perfil e identidad. Para ello, se dispone de métodos espectroscópicos, como la espectroscopía Raman.

En esta, se hace incidir una radiación de una determinada longitud de onda sobre el texto, y se estudia cuál es su interacción con él. Dependiendo de la composición de la tinta, se obtendrá una señal específica que permite identificar compuestos químicos característicos.

Otra alternativa a este método son las técnicas cromatográficas, que se fundamentan en el conocido ejemplo de separar los colorantes presentes en una hoja vegetal, y funcionan de manera similar. Con estas se pueden separar los diferentes colorantes y compuestos presentes en la tinta, generando así un perfil que les es propio y las identifica.

Hay muchos ejemplos más en los que la química juega un papel crucial para resolver casos, como el análisis de sustancias ilícitas, la investigación de incendios o el examen de precursores y sustancias explosivas. Son muestras de cómo la combinación de conocimientos en diferentes disciplinas y la colaboración con otras áreas pueden ofrecer soluciones más precisas y efectivas a los problemas de la sociedad.

The Conversation

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